fbpx

Tú vida espiritual

 


Hola mis estudiantes, estoy muy feliz de que ya estemos en esta lección en donde vamos a hablar de tu vida espiritual.

Decidí hacerla en audio para que te concentres únicamente en mi voz y no te distraigas con una presentación o con mis gestos y movimientos.

Y empezamos aceptando la realidad de que el ser humano tiene un cuerpo y un espíritu, nos vamos a concentrar en el espíritu.

¿De qué se trata?

Es nuestra esencia, es el aliento o el soplo de vida que está dentro de nosotras, el que nos une a algo que es universal, perfecto y natural.

Si eres consciente de tu conexión con una fuerza superior y con los demás, vas por un buen camino para tener una vida espiritual en donde no seas dominada por tu ego.

Como cada ser es diferente y tiene un propósito diferente, es importante cumplirlos, el desafío es encontrar ese ser interno y necesitamos un autoconocimiento profundo.

Espiritualidad es mirar hacia adentro, hacia tu esencia, tu vida interior, tu felicidad, tu verdadero yo (lo que te empodera y también lo que te limita), enfrentarte a ti misma (asimilando la realidad como es y no como quieres que sea, sin culpar a nadie por ella sino haciéndote responsable por tu vida).

Esto que se escucha tan sencillo, no siempre es fácil, el miedo nos limita, por eso la mayoría de las personas no lo hacen, sólo hasta que llega un momento de quiebre en la vida.

La sociedad en la que vivimos está conectada a lo material, lo que se puede tocar o experimentar con los cinco (5) sentidos, está basada en valores materiales, en el consumismo, en el rendimiento.

Si solamente se tienen esos valores materiales y si no atendemos nuestro espíritu resulta ser una vida vacía.

A cada una de nosotras le corresponde buscar ese vínculo espiritual ¿cómo lo podemos hacer?

Alejadas de las convenciones externas, en la soledad, muchas personas le tienen miedo a la soledad, yo también lo tuve, es un tiempo para aceptarlo y disfrutarlo que es lo más importante.

Si tu no le vendes a tu mente la idea de que estás disfrutando algo, el momento a solas contigo misma, es probable que siempre estés evitando esos momentos, que tanto necesitas.

 


 

Cuando somos espirituales, no es que estemos cambiando o convirtiéndonos en otras personas, aquí al contrario, estamos tratando de quitar esas capas pesadas que nos hemos puesto a lo largo de la vida en sociedad y estamos volviendo a nuestro ser genuino, lo que pasa es que desnudarnos cuesta un poco, para volver a esa inocencia del amor que está en nuestro ser, pero cuando lo hemos logrado es una experiencia maravillosa, en donde nos podemos dar amor a nosotras mismas y como nos sobra estamos iluminando y dando amor a los demás.

Cuando dejamos de buscar la felicidad en la acumulación de cosas materiales y nos concentramos en estar presentes hasta con nuestra respiración y disfrutarla aquí y ahora, disfrutar del tiempo libre, de nuestra creatividad, de nuestras relaciones, gozar de la vida de un modo sensato y siendo auténticas en todo momento, sin tener miedo a lo que dirán; nos daremos cuenta de que nuestra calidad de vida incrementa.

 


 

La crisis económica, ecológica, energética y la generada por el Covid-19 que vive el mundo, no son tan tremendas como una crisis de valores e identidad, pues nuestra esencia quiere brillar, pero nosotras mismas nos saboteamos constantemente con (te vas a acordar de algunas lecciones) pensamientos, sentimientos y comportamientos que no vienen del amor, del corazón espiritual, sino que son dirigidos por el ego, la victimización, querer salvar al mundo, el agresor o por el juez que a veces está en las mentes.

En las crisis hay oportunidades y posibilidades, no es de preocuparnos, si es importante darle prioridad.

¿Qué posibilidades tenemos todas las personas en estos momentos en que el mundo está en crisis?

Es de aportar desde nuestro ser para que la sociedad tenga un sentido más humanista y menos materialista, que esté centrada en las personas, todo esto que te estoy diciendo te puede parecer a una utopía, a una fantasía porque por ahora nadie habla de esto, pero ponme atención y trata de encontrar esa conexión espiritual.

Entonces decía, que debíamos empezar por nosotras, atendiendo nuestra propia crisis de valores y de identidad e influir positivamente en nuestra pareja, hijos, familia, compañeros de trabajo.

Para ser una canalizadora de esa fuente de vida que está en nosotras desde antes de llegar al mundo, es importante sincronizar nuestro lenguaje del corazón espiritual con el pensamiento, y esto es muy importante porque es que una persona espiritual no reacciona ante lo que sucede, sino que acepta y entiende que lo que está pasando tiene un propósito.

Cuando reconoces la luminosidad en tu vida, puedes dar y fluyes todo el tiempo.

No disfrutaremos de una salud plena, si no existe armonía entre la dimensión física, mental y espiritual.

 


 

Todas vivimos la vida queriendo comprender la razón de nuestra existencia, no es que tengamos ese llamado a ser filósofas, en algún momento tenemos la necesidad de entendernos y de entender el mundo que nos rodea, no encontramos respuestas en la realidad que vivimos y por eso nuestro espíritu anhela una conexión con algo, con una dimensión espiritual, con esa fuerza poderosa que puede hacernos parte del todo para que vivamos en paz y armonía.

Cuando somos espirituales buscamos la verdad en todo, buscamos el bien, oímos nuestra conciencia que es la que nos dice que está bien y mal, valoramos la belleza, tenemos esperanza, fe y confianza de que toda obra para bien.

Cuando pertenecemos a una religión, solemos pensar que somos seres espirituales por el hecho de congregarnos o de compartir una misma fe con un grupo de personas y no estamos abiertos a escuchar lo que otras culturas o religiones dicen o tienen por decir.

Muchas veces nos asustamos al oír palabras que no conocemos, o que no son profesadas en las religiones a las que pertenecemos, mantenemos la distancia, juzgamos sin saber de qué se trata y preferimos quedarnos en nuestra zona conocida.

Yo me acuerdo que hace unos 20 años, 25 escuché por primera vez acerca del yoga, de su origen en la India y de su importancia en el brahmanismo, si bien sus orígenes están ligados a una tradición milenaria que pretendía obtener poderes de los dioses mediante las posturas y la repetición de unas frases; hoy en día el Yoga se practica para entrenar los músculos, adquirir flexibilidad, respirar adecuadamente y mantener la calma mediante la meditación, todo esto encaminado a procurar una armonía entre el cuerpo y el espíritu.

Yo he sido curiosa, hago ejercicios de yoga sin repetir ningún mantra, pero si siendo consciente de mi respiración y en ocasiones orando en mi espíritu al Dios por el que vivo.

Todo se puede llevar a los extremos, es lo más fácil de hacer si nos falta carácter y curiosidad, mi decisión ha sido permanecer en Dios apoyada en su palabra, sin satanizar todo a mi alrededor.

Los científicos han demostrado como el universo, es un gran campo de energía en donde se agrupan moléculas.

El espíritu, también es una energía de amor que fluye dentro de nosotras, pero no la tenemos tan presente como si tenemos nuestra mente, es un ruido muy alto en el que nos dejamos envolver y opaca nuestro espíritu.

Lo que me encanta en la meditación es que esos pensamientos, los asimilamos como ideas que llegan y que dejamos pasar, no tenemos que creerlas o enrollarnos con ellas, hasta tener emociones que nos causen malestar, podemos decidir no juzgarlas sencillamente llegan y las dejo desvanecer, así como llegan se van.

 


 

Solemos cerrarnos al amor cuando tenemos conflictos con alguien, queremos protegernos huyendo o ignorando las situaciones, sin aceptar que podemos tener diferencias y aun así continuar en el campo del amor conmigo y con los demás; cuando nos volvemos amigas de esta postura llegarán mejores pensamientos que despertarán emociones de bienestar emocional.

Sólo puedo crecer espiritualmente cuando soy una unidad en balance entre mi consciente y subconsciente y no unidades separadas, si mi corazón espiritual está cerrado al amor, ¿cómo lo puedo notar?

Cuando me quiero defender en todo momento, cuando me siento ofendida por cualquier cosa, cuando eso pasa no puedo estar consciente y despierta para poder observarme.

Para ver las cosas con claridad es importante que nuestro espíritu, esté atento a lo que pasa por nuestras mentes como una tercera persona, que no juzga, sino que observa, que no se detiene en cada tema para incorporarse en él, sino que se calma para volver a lo esencial.

Soy libre cuando no me dejo controlar por el ego, cuando no estoy pendiente de lo que dirán los demás o de los problemas que pueda haber a mi alrededor.

Se deja la sensibilidad por cada minuciosidad, porque estamos seguras de lo que somos, un espíritu que quiere estar en armonía con el universo, con Dios o como le llames, sin juicios y críticas contra la creación.

Y así quiero terminar esta lección tan importante, estoy encantada de que hayas llegado hasta aquí conmigo, de que hayas podido aprender y poner en práctica.

Ahora te invito a que entres conmigo con toda la motivación posible al módulo de plan de acción.

Un abrazo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *